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Artículo: ¿Nos importan los humedales?

*Por Karina Sauma

Las fechas ambientales nos hacen reflexionar sobre el gran valor de biodiversidad que tiene Bolivia. Cada vez que aparece, el “Día de…” mostramos datos, hacemos reflexiones, nos enojamos o celebramos por la riqueza cultural y natural que tiene nuestro país. Hoy es 2 de febrero, Día Mundial de los Humedales, Bolivia se adhirió a la Convención de Ramsar en 1990 ratificando esta decisión mediante la Ley No 2357 el 7 de mayo de 2002. Hasta 2014, en el mundo se declararon 2.204 sitios Ramsar cuya superficie cubre los 204 millones de hectáreas; 11 se encuentran en Bolivia en una extensión de 14,8 millones de hectáreas que representan el 7% de los sitios Ramsar del mundo, consolidando a nuestro país con la mayor superficie de humedales de importancia internacional. Esos son los datos.

Según estudios realizados por la Fundación Amigos de la Naturaleza, el 31% de nuestro territorio está conformado por ecosistemas acuáticos, abarcando más de 34 millones de hectáreas. Sin agua no hay posibilidades de vida, los humedales son fundamentales para la reproducción de la flora y fauna. El documento de la Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional revela las funciones ecológicas de los humedales como reguladores de los regímenes hidrológicos y como hábitat de una fauna y flora características, especialmente de aves acuáticas, y que los humedales constituyen un recurso de gran valor económico, cultural, científico y recreativo, cuya pérdida sería irreparable. Esa es una breve reflexión de lo mucho que hay por compartir.

Estos ecosistemas son subestimados por la población, cree que puede vulnerarlos construyendo puentes, deforestando y rompiendo su ciclo natural de vida bajo la consigna del desarrollo. La Revista Nómadas, https://bit.ly/3rh6grb, develó una dura pero triste realidad: deforestación, construcciones y gran avasallamiento en una zona de gran valor de biodiversidad como son los bañados del Isoso. Más de 3.000 hectáreas desmontadas, un puente ilegalmente construido de 150 metros de largo sobre el río Parapetí, y lo que vendrá en más 14.000 hectáreas compradas cercanas al Parque Nacional Kaa Iya. Para entender el valor de este sitio, me remito a una cita, “Los Bañados del Isoso son un sitio de reproducción, crecimiento, alimentación y refugio migratorio para cientos de especies de peces, reptiles, anfibios, aves y mamíferos (Convención RAMSAR 2001, Ibisch et al. 2002)”. Ese es el enojo.

La catástrofe ambiental que esto significa no está dimensionada por quienes dieron la venia o se hicieron de la vista gorda para semejantes atrocidades, y, por lo visto, por quienes compraron y se sienten dueños del lugar. No puedo evitar retornar a la reflexión: nos queda en estos momentos entender la importancia que un ecosistema acuático es fuente de vida por su importante diversidad biológica, social y cultural. Si, el enojo continúa.

Ahora entre enojo y demanda, más allá de las declaraciones y denominaciones de estos sitios, necesitamos políticas públicas y estrategias hacia la conservación de ecosistemas y una norma que no tenga contemplación alguna con la vulneración a lugares designados como sitios Ramsar u otros de carácter especial. Así también, el abandono hacia nuestras áreas protegidas y sitios de conservación del patrimonio natural es cada vez mayor, están librados a su suerte con una alta deforestación, minería, avasallamientos de tierras, narcotráfico, depredación. Siempre decimos, cuándo será el día que nuestros gobernantes comprendan que el desarrollo de un país se basa en su riqueza natural, que es posible un desarrollo país con conservación. Ahora, demandamos atención inmediata seria y consecuente con la Madre Tierra, dejemos la hipocresía y pantalla, atendamos las amenazas que nuestro país está siendo víctima por grupos que no tienen la más mínima idea o sí, tal vez, esta parte la escribo con bastante ironía, del daño que están ocasionando. El desarrollo integral y sustentable del país depende de la disponibilidad de agua almacenada en los humedales, posibilitando la generación de agua para el consumo humano, para la producción agropecuaria, la industria y la Naturaleza. El daño que hoy estamos aceptando, será la destrucción irreparable en el futuro.

*Karina Sauma es directora de Comunicación de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), una organización miembro del Observatorio Pantanal

El artículo fue publicado en el sitio web La Razon, en 2 de febrero.

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